Responsabilidad afectiva

Responsabilidad afectiva

Podemos asociar las relaciones con el vuelo en V de las aves, en donde la mayor o menor intensidad con que vuele uno de sus integrantes afectará a otro.

En los últimos años mucho se ha hablado, escrito y debatido sobre la responsabilidad afectiva, sobretodo enlazado al creciente auge del amor libre y del poliamor.  Y cómo pasa con la mayoría de los aspectos relacionados con el amor y las relaciones sexo-afectivas, son muy variadas las perspectivas, opiniones y conceptos que se pueden presentar, y en este texto les presentaré mi punto de vista.

Tomo como punto de partida las definiciones que otorga la RAE a cada palabra de la ecuación:

  • Responsable: “Obligado a responder de algo”, “dicho de una persona: Que pone cuidado y atención en lo que hace o decide”.
  • Afectividad: “Conjunto de sentimientos, emociones y pasiones de una persona”, “tendencia a la reacción emotiva o sentimental”, “desarrollo de la propensión a querer”.

Con esto en mente, para mí la responsabilidad afectiva vendría siendo la forma en que respondemos a las consecuencias de nuestras decisiones y acciones en general en cuanto a vínculos afectivos se refiere, incluso antes de que estás sucedan, es decir que, sin llegar al extremo de la paranoia paralizante, podamos pensar en las secuelas de nuestros actos tanto en nosotros como en las personas que nos rodean.

Siendo así, considero que esta responsabilidad debe estar presente en cada persona, en todo vínculo afectivo y no solamente en las relaciones sexo-afectivas, y mucho menos como algo exclusivo del amor libre o de las relaciones no-monógamas, aunque tenemos muy en claro que es precisamente en estas relaciones donde se le presta mayor atención, sobre todo para dejar en claro que el poliamor no constituye ir de una persona a otra sin implicaciones emocionales, ni consecuencias.

Básicamente y sin titubeos, somos responsables al 100% de nuestras acciones y por lo tanto de los resultados. El panorama cambia cuando estamos en una relación, en donde toda responsabilidad es compartida entre los integrantes que la conformen, un 50%-50%, una vía bidireccional en la cual podamos entender que fluyen cosas en ambos sentidos por lo que podemos afectar positivamente o negativamente a la otra persona, o que podemos percibir efectos de lo que haga nuestra pareja.

En el caso de las relaciones no-monógamas se presentan múltiples formas de responsabilidad afectiva:

  • Por un lado, con cada uno de los vínculos, por separado, a razón de 50%-50% como en cualquier relación monógama.
  • Por otro lado, con cada metamor. Sí, toda acción o decisión puede afectar en mayor o menor medida a los vínculos de cada relación, independientemente de cómo sea la interacción con esa persona.
  • En general, con todo el sistema de relaciones, porque, cual efecto mariposa o dominó, lo que haga un integrante de la red afectiva puede afectar a todo el grupo.

Responsable ≠ Culpable

Ya teniendo presente y reiterando que debemos responder por nuestras decisiones, y que en una relación todo es 50%-50%, se me hace importante que siempre tengamos en claro que esa respuesta ante las consecuencias de nuestros actos es algo totalmente diferente a sentirnos culpables por la reacción de las otras personas o por las emociones o sentimientos que decidan mantener. Recordemos el libre albedrío de cada uno, y que las interpretaciones, suposiciones entre otras cosas que pueda tener una tercera persona escapan de nuestro rango de acción.

Pensar que tenemos a cuesta toda la “carga” de una relación puede significar un complejo de superioridad, a veces disfrazado, y que automáticamente minimiza a quien está en el otro lado de la ecuación. Obviamente siempre estamos a expensas de que alguien haga algo que no nos agrade, nos perturbe, etc. pero también es parte de nuestra responsabilidad afectiva dar las respuestas más sanas ante estas situaciones, en lugar de simplemente atascarnos en el sufrimiento y victimizarnos.

La responsabilidad afectiva no debe ser utilizada para manipular o como mecanismo de coerción, al  contrario, lo idóneo es que sea la vía más directa para evitar las situaciones de víctima-victimario, y las bases del amor libre.

En conclusión, en la medida que seamos más conscientes de cómo nuestras acciones nos afectan a nosotros mismos y quienes comparten vida con nosotros, y lo tengamos en cuenta a la hora de tomar decisiones podremos tener relaciones más sanas, libres, y edificantes.

Y aunque pueda ser un poco utópico que cada individuo del planeta maneje sus relaciones responsablemente, es totalmente factible que nosotros mismos tomemos las riendas de nuestras vidas y de la forma en que interactuamos con otros en lugar de lanzar todo afuera.

Y al estilo Peter Parker  “Todo poder conlleva una gran responsabilidad”, y creo que es un gran poder el amar sana y libremente.

Deja un comentario

Cerrar menú
error: Este contenido esta protegido por Derechos de Autor!!!
×
×

Carrito